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Una mano le pasa una jeringa a otra persona, lo que perpetúa su adicción a las drogas

Adicción a las drogas y gratificación inmediata

Última actualización: 12 de agosto de 2026

Muchas personas se preguntan por qué alguien con una adicción no puede simplemente «parar». Cuando una persona con problemas de alcohol se despierta con una resaca incapacitante o la adicción a las drogas lleva a alguien al hospital, muchas amistades y familiares aprovechan la situación para organizar una intervención y luego se frustran cuando la persona vuelve a consumir sustancias.

Las personas con adicción saben adónde conduce el hábito y, aun así, no pueden decir «ya fue suficiente» ni alejarse de una situación tentadora que saben que terminará mal. Sin embargo, la razón no suele ser una falta de respeto hacia las personas cercanas, sino un desequilibrio mental.

El cerebro y sus dos sistemas de procesamiento

Hay dos partes de nuestro cerebro que, en la mayoría de las personas, trabajan en armonía para favorecer nuestro bienestar general: la consciente y la inconsciente; la deliberada y la automática; la controlada y la impulsiva. Necesitas ambas para funcionar. Por ejemplo, conducir hasta el supermercado en vez de detenerte a comprar comida rápida es una acción controlada y más económica, pero la parte impulsiva del cerebro es la que te ayuda a evitar un accidente cuando alguien invade tu carril. Esto también pone de relieve otra diferencia: la parte impulsiva del cerebro funciona con relativamente poco esfuerzo, mientras que la parte controlada requiere cierto análisis y tiempo.

Estas dos partes del cerebro deberían trabajar juntas para ayudarte a evaluar objetivos a corto y largo plazo. Sin embargo, cuando existe una adicción, una de ellas toma el control y domina a la otra. Por eso, una resaca terrible o una hospitalización no siempre bastan para que una persona simplemente deje de consumir. Cuando la droga ofrece una recompensa tan inmediata, los efectos a largo plazo no llegan a procesarse. Esto también explica por qué alguien que no tiene una adicción puede beber una o dos cervezas y detenerse, mientras que una persona con adicción quizá no pueda hacerlo. Quien no tiene adicción reconoce cuántas cervezas puede beber antes de considerar los efectos secundarios, tomar un vaso de agua o parar. Sin embargo, eso exige pensar a largo plazo. La persona con adicción no está pensando si ya bebió suficiente ni cómo se sentirá al día siguiente; se concentra en el vaso que tiene en la mano y, como mucho, en si necesita volver a llenarlo.

Además, la impulsividad puede volverse compulsiva cuando ciertas situaciones empiezan a desencadenar deseos de consumo. Evidentemente, a una persona con problemas de alcohol le resultaría difícil beber en exceso si no hubiera alcohol disponible, por ejemplo en un zoológico o en Disneyland. Sin embargo, lo que la lleva a buscar la sustancia es que empieza a sentir una compulsión. Distintos desencadenantes, como un tema de conversación, un acontecimiento o un programa de televisión, le recuerdan la droga y hacen que vaya a buscarla. Quienes están en recuperación conocen muy bien esta experiencia: no consumir la sustancia no significa que esta haya dejado de ejercer influencia.

Para recuperarte y mantener la sobriedad, necesitas restablecer de forma consciente el equilibrio entre estos dos sistemas del cerebro o, como los llama Daniel Kahneman, los procesos duales. Debes reducir la impulsividad y fortalecer el autocontrol.

Daniel Kahneman puede ayudarte a mantener la sobriedad

Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía en 2002 y escribió ampliamente sobre los dos sistemas del cerebro junto con su colega Amos Tversky. Como muestra de la influencia de sus investigaciones, el columnista David Brooks, de The New York Times, los describió como los «Lewis y Clark de la mente» (The New York Times, 2011).

Entre sus investigaciones, Kahneman realizó numerosos estudios para medir la felicidad de las personas. Así descubrió una diferencia marcada entre el bienestar «experimentado» y el bienestar «recordado». Finalmente denominó a este fenómeno la regla del pico y el final. La idea es que las personas recuerdan una experiencia por su momento máximo, es decir, el más intenso, y por su final, en vez de hacerlo a partir de la suma o el promedio de todos sus momentos.

Para medirlo, sometió a dos grupos a colonoscopias dolorosas. Sí, de verdad. Ambos soportaron la misma intensidad de dolor, pero el segundo grupo experimentó una incomodidad adicional al final del examen: no era dolorosa, pero sí molesta, pues dejaron el endoscopio colocado tres minutos más. Sorprendentemente, Kahneman descubrió que el segundo grupo recordaba la experiencia de forma más favorable que el primero. Concluyó que esto se debía a que la experiencia del grupo A terminó en el punto máximo de dolor, mientras que el dolor del grupo B quedó contrarrestado por un final incómodo, pero no doloroso.

Esto podría explicar por qué algunas personas regresan a su sustancia preferida y otras comienzan la recuperación después de una experiencia especialmente negativa. Quienes despiertan en el hospital quizá no conecten ambas situaciones y, por lo tanto, recuerden el momento máximo del episodio y cómo terminó para ellas. Si el pico fue agradable y el final también lo fue antes de perder el conocimiento, es comprensible que una persona vuelva a consumir a pesar de haber terminado en el hospital. El cerebro registró el episodio y lo recuerda de forma favorable. En cambio, quienes conservaron suficiente conciencia durante el consumo o episodio de ingesta más reciente como para experimentar sus consecuencias pueden reconocer el problema porque recuerdan cómo terminó en su peor momento.

La regla del pico y el final también ayuda a explicar por qué algunas personas creen que alguien con una adicción tiene que «tocar fondo» antes de recibir ayuda. Si la última experiencia recordada fue suficientemente negativa, pueden creer que bastará para encaminar a la persona en una nueva dirección.

Mantener la sobriedad y evitar el consumo

Si al recordar la última vez que consumiste drogas piensas en lo mal que te sentiste, eso puede ayudarte. Te permitirá conservar esa sensación y aumentar la probabilidad de abstenerte. En cambio, si recuerdas esa experiencia con agrado, ten presente que quizá no estés reconstruyendo la historia completa. Ahora que sabes cómo funciona tu memoria, intenta ver el panorama general y pensar a largo plazo para resistir el impulso de consumir.

Sin duda, esta es una razón importante por la que algunas personas desarrollan una adicción pronto y luego tienen dificultades para salir de ella. Muchas drogas hacen que experimentes el momento máximo y pierdas el conocimiento antes de que la situación empeore. Por eso, la regla del pico y el final puede reforzar tus impulsos. Lo mejor que puedes hacer de ahora en adelante es llevar contigo este conocimiento. Recuerda lo que hace tu cerebro, identifica cuál de los procesos está funcionando e intenta usar esa conciencia para evitar decisiones de las que luego podrías arrepentirte.

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