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El efecto es inmediato: aparece pocos minutos después de inyectar o inhalar la heroína y produce una sensación intensa de euforia.
Uno de los mayores problemas de cualquier droga que produce dopamina de forma artificial y estimula los receptores de endorfinas es que crea una respuesta de recompensa artificial ante algo innecesario. Esto significa que tu cerebro necesita recompensas naturales para satisfacer necesidades como dormir, tener relaciones sexuales, alimentarse y beber agua. La heroína estimula artificialmente el sistema de recompensa del cerebro de la misma manera que las recompensas naturales, pero con mucha mayor intensidad.
Así se desarrolla la adicción: el cerebro comienza a sentir impulsos de consumir heroína del mismo modo en que una persona con hambre ansía comida. La heroína altera el sistema cerebral de motivación y recompensa de formas que impulsan a la persona con adicción, que ahora siente una necesidad extrema de heroína, a seguir consumiéndola.
Los efectos de la heroína a corto plazo incluyen:
Euforia
Sensación intensa de euforia
Náuseas
Vómitos
Depresión respiratoria
Pesadez en las extremidades
Boca seca
Además, otro síntoma es el “cabeceo”. Forma parte importante del efecto de la heroína, pues la persona alterna entre el estado de alerta y el letargo. Como resultado, suele inclinar la cabeza hacia adelante antes de volver en sí.
Como la heroína es un depresor que puede causar somnolencia, muchas personas la combinan con cocaína o metanfetamina que son estimulantes, para “equilibrar” los efectos.
Los efectos de la heroína a largo plazo varían según la forma en que se consume. Muchas personas comienzan con heroína en polvo, lo que indica un estado de mayor pureza. Sin embargo, la heroína de alquitrán negro, una sustancia negra y pegajosa producida por las impurezas del proceso, debe disolverse o diluirse e inyectarse. El consumo intravenoso puede causar muchos otros efectos a largo plazo, como un mayor riesgo de contraer enfermedades como el VIH y la hepatitis, así como infecciones como la endocarditis, que afecta las válvulas del corazón.
Algunos de los efectos secundarios de la heroína a largo plazo son:
Cambios en la estructura cerebral
Deterioro de la materia blanca
Desequilibrio físico y hormonal
Incapacidad para regular la conducta
Menor capacidad para tomar decisiones racionales
Deterioro de las funciones ejecutivas (incapacidad para razonar, planificar, resolver problemas o hacer varias tareas a la vez)
Enfermedades infecciosas (VIH y hepatitis B y C)
Colapso de las venas
Infecciones bacterianas (endocarditis fúngica y esclerosis venosa)
Infección del revestimiento y las válvulas del corazón
Artritis
Problemas reumatológicos
Abscesos (tejido inflamado y lleno de pus)
Enfermedad hepática
Enfermedad renal
Riesgo de sobredosis
Además de estas consecuencias a largo plazo, pueden aparecer muchas otras debido a los aditivos y las drogas que podrían mezclarse con la heroína. Algunos de estos efectos pueden tratarse, pero otros son irreversibles.
El efecto secundario más grave es la sobredosis, que con frecuencia provoca la muerte. Ocurre porque uno de los efectos de esta sustancia depresora es la respiración lenta o deprimida. Puede desarrollarse una afección llamada hipoxia, que reduce la cantidad de oxígeno que llega al cerebro. Esto puede causar daño cerebral permanente, coma y muerte.
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