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El 60 % de las personas en recuperación de una adicción recae durante el primer año. Esto es comprensible. Para las personas con una adicción, incluso si cuentan con un sólido sistema de apoyo y tratamiento médico, no se trata simplemente de eliminar un «hábito» de su vida, sino de cambiar todo un estilo de vida. Es como arrancar de raíz a alguien que siempre ha vivido en un clima cálido y trasladarlo al Polo Norte. Para una persona con una adicción, la sustancia se convierte en la motivación para hacerlo todo. Así, amistades, familia, trabajo, pasatiempos: todo se convierte en un medio para un fin, el de alimentar la adicción. Es importante entenderlo porque, en última instancia, ayudará a quienes están en recuperación a superar el primer año y, con suerte, a seguir adelante durante el resto de su vida.
A corto plazo, las drogas suelen afectar el sistema nervioso central: adormecen el dolor, alteran el equilibrio o la función motora y aumentan la dopamina, entre otros efectos. Sin embargo, la dopamina interviene en numerosas funciones y una de las principales es la motivación. La dopamina establece el umbral necesario para realizar una acción; en otras palabras, impulsa la motivación. Proporciona el «empuje» suficiente para querer realizar una actividad o volver a conseguir el mismo efecto. Esto también produce un efecto de aprendizaje, pues le muestra al cerebro qué acción provoca la liberación de dopamina. Así se genera un apetito por la dopamina y por aquello que causó su liberación.
En su lado positivo, el elemento de «aprendizaje» de la dopamina ayuda a formar hábitos saludables, como andar en bicicleta, correr o hacer ejercicio. Sin embargo, en el lado opuesto se encuentra la dependencia de una sustancia, con consecuencias dolorosas.
Este elemento de aprendizaje de la dopamina afecta el sistema de recompensa del cerebro. El cerebro aprende qué acción produce más dopamina y la buscará. A medida que el consumo continuado de la sustancia distorsiona cada vez más el sistema de recompensa, las personas con una adicción dejan de ver su droga preferida como algo que «les gusta» y pasan a verla como una «necesidad»; ya no como un deseo, sino como un ansia; ya no como un hábito, sino como una adicción.
Muchas drogas reducen la velocidad con que se vuelve a liberar la dopamina o introducen tanta en el organismo que casi nunca pasa mucho tiempo sin ella. Esto puede desviar tanto el sistema de recompensa de una persona con una adicción que llegue a creer que la droga es tan necesaria como el agua. Por eso el primer año es tan difícil para quien está en recuperación. No se trata solo de dejar una droga, sino de vivir sin algo que le enseñaste a tu cerebro que no podía dejar de necesitar.
La mayoría de las personas busca ayuda en centros de tratamiento para iniciar el proceso de recuperación. Por lo general, pasan 30 días en centros especializados, con programas que pueden extenderse hasta 90 días, no necesariamente de forma residencial, sino mediante terapia, reuniones y otros recursos. Esos 30 días son sumamente útiles para atravesar la abstinencia, ya que los síntomas de abstinencia de opioides, otras drogas y alcohol suelen durar un mes o menos.
Sin embargo, incluso después de que pasan los síntomas físicos y mentales de abstinencia, los deseos de consumir siguen siendo un problema. Muchas personas en recuperación tienen dificultades con estos deseos porque el cerebro se ha reprogramado para buscar recompensas inmediatas. Por eso, cuando alguien empieza a pensar en el compromiso de por vida que implica la sobriedad, puede sentirse abrumado y sin esperanza; ambas son señales de alerta de una recaída inminente. También por eso una persona que lleva poco tiempo sobria puede ver el logro de cumplir un año y desanimarse. A continuación encontrarás 7 cosas que puedes hacer y tener presentes durante tu primer año de sobriedad.
Acepta el reto de 24 horas
En lugar de pensar en «todo lo que te falta», concéntrate en el día que tienes por delante. No se trata de toda una vida, ni siquiera de un año, sino de un día. Supera ese día y habrás alcanzado la sobriedad. Repítelo al día siguiente y al siguiente.
En muchos sentidos, la metodología de la sobriedad es la misma que se usa para abordar cualquier tarea grande. La meta no es pensar en el «producto final», sino realizar cada día pequeñas tareas que te acerquen a ese objetivo. Se suele citar a John Steinbeck como un autor que escribía solo 1 página al día, y muchas de sus novelas tienen cientos de páginas. No pienses en escribir una novela de mil páginas; concéntrate en una sola página.
Celebra tus logros
Los logros se espacian más a medida que pasa el tiempo, pero celebra tu primer día de sobriedad, el segundo, el tercero y tu primera semana. Estas celebraciones no son simples tácticas de motivación: pueden ayudar con esa necesidad de gratificación inmediata que no deja en paz a tu cerebro. Así empiezas a reprogramarlo activamente para que responda de manera positiva a la sobriedad sostenida.
Encuentra actividades divertidas
Únete a ligas deportivas o de deportes de fantasía, y dedica tiempo a leer o jugar videojuegos. Busca maneras de participar en actividades recreativas. La sobriedad tendrá muchos altibajos y, si siempre parece un trabajo, será difícil conservar la motivación para seguir adelante; por eso, dedica tiempo a divertirte. Puede ser en compañía o a solas: busca actividades que requieran poco esfuerzo y te den una satisfacción real.
Varía tus reuniones
Lo bueno de las reuniones es que te ayudan a formar una nueva rutina. Debes adaptarte al horario de otras personas y, sobre todo si tienes varias reuniones en un mismo día, estarás demasiado ocupado/a para ceder a los deseos de consumir. Además, asistir a reuniones en distintos lugares ampliará tu red de apoyo y te asegurará alternativas si, por algún motivo, cierra el lugar al que acudes habitualmente.
Concéntrate en ti
Esto es importante porque una adicción se parece a que otra persona tomara el control de tu cerebro y te llevara de un lado a otro. Concéntrate en tu salud y en mejorar, aunque eso signifique hacer algo que en otras circunstancias podría considerarse una falta social. Por ejemplo, si compraste entradas para un concierto al que morías por ir, pero sabes que ese ambiente es un desencadenante, no vayas. Si una amistad te invita a formar parte de su cortejo de boda, pero te preocupa recaer, está bien retirarte. No antepongas a los demás. Aunque sientas algo de culpa, será mucho menor que el efecto que una recaída tendría en ti y en tu relación con esas personas.
Conecta con tus emociones
Muchas drogas adormecen los sentidos y, mientras atraviesas la abstinencia, es probable que experimentes bastantes cambios de ánimo. No intentes controlarlos: siéntelos. Averigua por qué te sientes de cierta manera, qué lo está causando realmente y qué puedes hacer al respecto.
Mira hacia el pasado
No necesitas criticarte, avergonzarte ni culparte. Pero durante tu primer año de sobriedad, cuando tengas días difíciles, mira atrás y piensa en lo que te trajo hasta aquí. ¿Por qué elegiste vivir en sobriedad? Para muchas personas, esto da sentido a la célebre frase: «Mi peor día en sobriedad sigue siendo mejor que mi mejor día bajo los efectos del alcohol».
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