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Los depresores afectan partes específicas del cerebro responsables de la conciencia y las acciones voluntarias. En cambio, las anfetaminas aceleran los mensajes que viajan entre el cuerpo y el cerebro. Entonces, ¿por qué los depresores se describen como lo opuesto a las anfetaminas?
Si te has hecho esta pregunta, llegaste al lugar indicado.
En este artículo explicaremos por qué los depresores se describen como lo opuesto a las anfetaminas.
Las sustancias depresoras reducen la activación y la estimulación. Técnicamente, no hacen que una persona se deprima. Sin embargo, afectan el sistema nervioso central y ralentizan los mensajes entre el cuerpo y el cerebro.
Además, los depresores afectan la concentración y la coordinación. También pueden hacer más lenta la respuesta ante situaciones inesperadas.
En dosis pequeñas, los depresores pueden hacer que una persona se sienta más relajada y menos inhibida. Sin embargo, las dosis altas y sin control pueden causar somnolencia, vómitos, pérdida del conocimiento e incluso la muerte.
A los depresores también se les conoce como sedantes. Pueden presentarse en tabletas y cápsulas de distintos colores o en forma líquida.
La mayoría se formula para tratar afecciones como la ansiedad y el insomnio. Sin embargo, algunas personas consumen otros tipos de depresores con fines recreativos y pueden desarrollar un consumo problemático.
Todos los tipos de depresores tienen algo en común: pueden generar adicción. Aunque se utilizan ampliamente, deben consumirse de manera responsable. Cuando son recetados, también es necesario seguir la dosis y la supervisión médica indicadas.
Estos son algunos efectos de los depresores:
La mayoría de los depresores del sistema nervioso central actúa sobre el cerebro. Aumentan la actividad del ácido gamma-aminobutírico, o GABA, una sustancia química que inhibe la actividad cerebral. Por lo general, quienes toman depresores sienten sueño y falta de coordinación.

El consumo prolongado de depresores también puede causar depresión, fatiga crónica, dificultades respiratorias, problemas sexuales y alteraciones del sueño. A medida que aumenta la dependencia, las personas también pueden experimentar impulsos de consumo, ansiedad y pánico. Esto suele ocurrir cuando no pueden obtener más de la sustancia.
Durante los efectos de la sustancia pueden aparecer problemas de memoria y, después, dificultades para recordar lo ocurrido. Algunas personas también han presentado paranoia y alteraciones visuales debido al consumo problemático de depresores.
Otro posible efecto del consumo de depresores sin control es la sobredosis, que puede provocar depresión respiratoria, convulsiones e incluso la muerte.
Las anfetaminas son sustancias psicoestimulantes. Aceleran los mensajes que viajan entre el cuerpo y el cerebro.
Los médicos recetan anfetaminas para tratar determinadas afecciones, entre ellas el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o TDAH, y la narcolepsia.
Las anfetaminas también pueden utilizarse para tratar la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, algunos tipos se producen y venden de manera ilegal.
Además, pueden consumirse para mejorar el rendimiento. Su forma más potente es la metanfetamina cristalina, también conocida como cristal.
El metilfenidato es otro tipo de sustancia estimulante. Los estimulantes actúan de forma parecida a la adrenalina y pueden acelerar el sistema nervioso central.
Consumir anfetaminas sin receta es ilegal. Cuando se usan con fines recreativos, pueden provocar adicción.
Las formas puras de anfetamina son polvos cristalinos blancos, sin olor y de sabor amargo. Sin embargo, su pureza varía. Algunas formas pueden ser blanquecinas con rastros grises o rosados; otras pueden parecer polvo grueso, cristales o fragmentos.
Estos son algunos efectos de las anfetaminas:
El consumo frecuente y problemático de anfetaminas y sustancias similares puede causar una privación grave del sueño. Esta afecta los receptores de dopamina del cuerpo y puede aumentar la impulsividad y el consumo de sustancias.
La alteración del sueño puede convertirse en un problema, especialmente cuando las anfetaminas se consumen durante periodos prolongados o en horarios en los que normalmente dormirías.
El habla apresurada o acelerada puede ser un síntoma de una afección de salud mental, pero también puede estar asociada con el consumo de anfetaminas.
Tomar anfetaminas cuando estás de mal humor puede empeorar tu estado de ánimo. Incluso puede provocar ansiedad, fatiga crónica o pensamientos delirantes.

Entonces, ¿por qué se considera que los depresores son lo opuesto a las anfetaminas?
Como mencionamos, los depresores inhiben el sistema nervioso central. En cambio, los estimulantes como las anfetaminas aceleran la actividad del organismo.
Por eso, los depresores se describen como lo opuesto a las anfetaminas.
Tanto los estimulantes como los depresores pueden afectar la conducta, las emociones y los pensamientos. Si tú o un ser querido tienen problemas con cualquiera de estas sustancias, busquen ayuda profesional. También puedes usar una aplicación de sobriedad como I Am Sober para dar seguimiento a tu progreso.
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